
A veces sucede: el servicio emula a
los señoritos y adopta sus ideas, aunque versionadas en una clave chusca,
ramplona. Los criados de Downton Abbey
emulan, salvando las distancias de cuna, a los amos. Es la fidelidad inquebrantable
de la mayordomía vocacional, del palanganero que, bayeta al hombro, limpia
salpicaduras y manchurrones de los jergones del lupanar.
Las páginas
de la Historia
están llenas de ejemplos de servilismo ancilar aderezado de pinceladas exóticas,
con gran profusión de plumas y turbantes de mamelucos o cipayos. Los ejércitos
en campaña alinean en sus flancos a tropas nativas para someter al enemigo. Los
romanos recurrían a los visigodos para detener a los hunos. Los franceses a los
hurones para guerrear contra los ingleses. Los panzas azules de la Caballería yanqui mandaban
en descubierta a los guías indios para perseguir a sioux y comanches. Las
tropas españolas en Marruecos tenían a sus auxiliares rifeños, con tarbux colorado y borla, para proceder
al alegre degüello de los rebeldes de las jarcas hostiles.
La policía
judía del gueto tenía la encomienda de aporrear a sus hermanos intramuros para
evitar a los SS el trabajo sucio en ese espacio estrechujo, cerrado,
pestilente, al copo de epidemias, hacinamiento, desnutrición, mortandad… un
horror. Y el poli judío del gueto, una especie de sonderkommando acarreando cadáveres hasta el crematorio, se
garantizaba unos meses más de vida, pues los agentes de la amaestrada poli
judía serían los últimos en desfilar por la cámara de gas. Amaestrada y
patética, porque los disfrazaban con un uniforme ridículo, como de mono de
feria, con su gorra de plato, estrella de David en el brazalete y cachiporra
para tundirle el cráneo a sus iguales. Vean, para muestra un botón, al poli
judío de la extraordinaria película de Roman Polanski, El pianista. El poli-botarate se recorta el bigote al gusto
hitleriano. Ese uniforme, ese disfraz astroso, en otras coordenadas
espacio-tiempo, muda acaso en vestido de lunares y faralaes para amenizar el
sarao en una caseta de la subvencionada Feria de Abril en Can Zam, o doquiera
se celebre… entre rebujitos y manzanillas, y ante la mirada vigilante y
complacida de los amos del corral. Es el mito actualizado del buen negrito, del tío Tom.
Si tienes
alma de fámulo, de felpudo o escupidera, te mola que la superioridad te dé una
palmadita en el hombro y quieres que tus hijos sigan tu ejemplo y sirvan a los
hijos de tus amos… alístate… Súmate a la poli judía del gueto.
Desde luego,esta gente es lo más patético que se ha visto en mucho tiempo.
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