
Comoquiera
que serán muchos, Junqueras dixit,
los acogidos a esa prebenda (prebenda es que el nacional de un país que se
separa de otro mantenga la nacionalidad del país del que se ha separado porque
Junqueras lo diga), la
Unión Europea no podrá expulsarnos de su mullido seno, pues
si lo hiciera, excluiría arbitraria e injustamente a millones de ciudadanos que
ya son ciudadanos-UE en virtud de su milagrosamente
preservada nacionalidad española. Advertimos al señor Junqueras, que, por
ejemplo, no pocos argentinos, a causa del convenio de doble nacionalidad
suscrito entre España y la república austral, son ciudadanos españoles, y no
por ello en Argentina son de aplicación los tratados de la Unión. Detalle a tener en
cuenta.
No parece
muy cabal separarse del país promotor de
la catalanofobia, que nos oprime y
expolia desde hace siglos, al menos tres, para solicitar al día siguiente su
nacionalidad. Cabe que los catalano-españoles de Junqueras, por españoles, pudieran votar, por qué no, al
Congreso de Diputados, y que, habiendo sido proclamada la independencia, en
Madrid se llevaran la morrocotuda sorpresa de que CiU constituyera de nuevo
grupo parlamentario en la
Carrera de San Jerónimo. No se librarían de nosotros jamás.
Podríamos
continuar este escalofriante ejercicio de política-ficción, pero no disponemos
de espacio para otras divagaciones igualmente inquietantes. Una más: no sólo la
pérfida España se empecina en abortar nuestra plenitud nacional. Otros estados
constituidos, Francia, Italia y Andorra, imitan su ejemplo e impiden la
reunificación de los así llamados països
catalans. Perpiñán, Ceret y Arlès nos pertenecen… -que ya prohibiremos los
toros a esos malos catalanes-... No olvidamos la localidad sarda de El Alghero,
razón por la que sus residentes habrían de disponer de doble nacionalidad,
nativa e italiana. Y Andorra, tan reacia a abrir sus parroquias a los foráneos,
no podría mantenerse al margen, por mucho tiempo, de la Gran Cataluña, y negar su
codiciada nacionalidad a los catalanes allí avecindados. De modo que los
catalanes seremos sólo catalanes, los menos agraciados, y otros, catalanes y españoles,
o franceses, e incluso italianos, si non
é vero é ben trobato, o
andorranos, o todas las cosas a la vez. Y descubriremos que, aún fuera de la UE, seremos los más europeos de
Europa, qué digo de Europa, del mundo. Europeos
por quintuplicado. Cinco nacionalidades, vamos, como el famoso torneo de
rugby…
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